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jueves, 28 de noviembre de 2019

Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951



«El Camarada Čepička nos ha hablado y nos ha informado detalladamente sobre las actividades de los Camaradas Slánský y Geminder. Aún creemos que las declaraciones de ofensa, sin datos que los sostengan, no pueden servir para acusar a líderes bien conocidos por su positivo trabajo. Nuestras experiencias en la lucha contra el enemigo sugieren que los acusadores recurren a menudo a calumniar a la gente honesta, tratando de esta manera de sembrar la desconfianza mutua entre los líderes del partido –así es como ellos luchan contra el partido–. Usted está en lo correcto al proceder con cautela, desconfiando de las declaraciones de acusadores experimentos respecto a la cuestión de Slánský y Geminder. Teniendo en cuenta lo que hemos recibido de nuestro personal soviético, para nosotros está claro que Slánský ha cometido numerosos errores en la promoción y envío de personas de la dirigencia. Ha demostrado ser miope y demasiado confiando. Como consecuencia, los conspiradores y enemigos han tenido vía libre para hacer daño al partido y al pueblo. Por lo tanto, nos parece que el puesto de Secretario General no puede ser ocupado por un hombre que entiende pobremente al pueblo y que comete frecuentes errores en la destinación de personal. Así pues, creo que sería correcto relevar al Camarada Slánský del cargo de Secretario General. En cuanto a la evaluación positiva del trabajo del Camarada Boyarski y su deseo de continuar trabajando como asesor del ministerio de seguridad nacional de Checoslovaquia, tenemos una opinión diferente. La experiencia del trabajo de Boyarski ha demostrado que no está suficientemente capacitado como para cumplir con sus responsabilidades como asesor. Por ello, hemos decidido llamarlo de Checoslovaquia. Si usted realmente necesita un asesor en materia de seguridad de Estado –y así lo decide–, trataremos de encontrar uno más fuerte y con más experiencia. En cualquier caso, seguimos creyendo que nuestro asesor tiene que estar guiado y estrictamente controlado en su trabajo por la dirección del Comité Central del Partido Comunista de Checoslovaquia, y en ningún caso debe sustituir a la seguridad nacional checoslovaca». (Carta de Iósif Stalin a Klement Gottwald, 24 de julio de 1951) 

Posts relacionados:

Las purgas en el Partido Comunista de Checoslovaquia de los años 50; Equipo de Bitácora (M-L), 2019

domingo, 18 de agosto de 2019

Nación popular, nación socialista, nación comunista; Joan Comorera, 1944


«Lenin nos ha dicho magistralmente:

«Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, sobre la base de un cálculo exacto de múltiples datos, el abastecimiento en la proporción de los 2/3 o de los 3/4 de la materia prima de todo lo necesario para una población de varias decenas de millones; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más cómodos, que se hallan a veces a una distancia de centenares y de miles de kilómetros uno de otro- cuando desde un centro se dirige la elaboración del material en todas sus diversas fases hasta la obtención de una serie de productos diversos terminados; cuando la distribución de dichos productos se efectúa según un solo plan entre decenas y centenares de millones de consumidores –venta de petróleo en América y en Alemania por el «Trust del Petróleo» americano–, aparece entonces con evidencia que nos hallamos ante una socialización de la producción y no ante un simple «entrelazamiento»; que las relaciones de economía y propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que debe inevitablemente descomponerse si se aplaza artificialmente su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo –en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado–, pero que, sin embargo, será ineluctablemente suprimida». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Imperialismo fase superior del capitalismo, 1916)

Hoy está claro para todos que el «tumor del oportunismo» ha prolongado la vida del capitalismo monopolista. También está claro que la antítesis revelada por Lenin, producción social y propiedad privada de los medios de producción, se debe resolver ahora. Y que lo debemos resolver, esencialmente, nosotros. Y ese «nosotros», quiere decir nuestros partidos de hoy, la clase obrera de hoy, la masa popular de hoy.

¿Y para sustituirlo con qué, compañeros? Si reaccionamos estrictamente como sectarios contestaremos: con el socialismo. Si reflexionamos que no somos la única fuerza que necesita contar con otras fuerzas populares, que junto con nosotros combaten a muerte contra el nazi-fascismo-falangismo, que junto con nosotros deben participar en la reconstrucción del mundo, después de la victoria, que no estamos en presencia de un fenómeno aislado, localizado, sino de un fenómeno universal, que estamos ante un cambio de civilización en escala mundial: nos guardaremos mucho y bastante de forjarnos una línea rígida de aplicación nacional.

sábado, 26 de enero de 2019

Sobre los que anuncian que la lucha entre capitalismo y comunismo se ha detenido o ha finalizado


«Algunos creen que una vez acabada la Guerra Fría la metodología del tipo Gladio pasó a mejor vida. Pero no nos engañemos, el teórico «fin de la guerra entre el capitalismo y comunismo» es una teoría imperialista o una teoría derrotista, dependiendo quién sea el autor que la empuñe, pero por encima de todo es falsa. Aunque no existan países dirigidos por partidos comunistas que construyan el socialismo, esta lucha entre capitalismo y comunismo existe en nuestro mundo actual, se ve en la lucha del capitalismo por suprimir a los pocos partidos comunistas existentes o los de estado embrionario que intentan constituirse, se nota claramente en los actos de censurar la única ideología proletaria –el marxismo-leninismo– o en los intentos de deformarla hasta hacerla inútil e inofensiva. La lucha de la que hablamos es una lucha producida por las contradicciones inherentes del capitalismo, en especial de la contradicción capital-trabajo –burguesía-proletariado–, por tanto no se puede parar, pues dicha pugna es completamente inexorable debido a la lucha de clases que se desarrolla en medio de una sociedad dividida en clases, su forma de producción determina que se creen estas contradicciones que no pueden desaparecer; esto es así más allá de los deseos de algunos por ocultar esta realidad, igualmente aunque algunos pierdan el tiempo teorizando el fin del proletariado con el «precariado» y hablando de las bondades de la «sociedad de consumo», lo cierto es que como ha demostrado la última crisis global el capitalismo no tiene solución, reaparecen viejos problemas o se recrudecen otros, el proletariado como tal sigue existiendo, y es con su ideología la única clase social que puede poner fin al capitalismo. 

Las fricciones que se crean diariamente dentro del mundo capitalista crean una conciencia entre los trabajadores, la enérgica repulsa hacia los males de la sociedad –aunque no sepan muy bien como procesar todo esto ni cómo actuar–, es algo que puede ser aprovechado por los comunistas para dotarles de conciencia de clase o puede ser aprovechada por la burguesía para mitigar estas inclinaciones a través de diversas formas de alineación. Entonces, incluso en las manifestaciones de la lucha de clases que no pongan directamente en tela el poder de la burguesía, aunque sean movimientos con métodos arcaicos de lucha, mal organizados, eclécticos ideológicamente y en definitiva, no netamente comunistas, la burguesía en más de una ocasión debido a su fragilidad y a su miedo se verá obligada a reprimir a los trabajadores cuando no pueda engañarlos incluyendo dentro de las democracias burguesas; cuando no tenga medios para dar unas concesiones que calmen los ánimos, tomara una actitud represiva que como hemos visto a lo largo de siglos con varios ejemplos, se agudizará más en cuanto las formas de actuación de las masas se vuelvan cada vez más sofisticadas, tomando conciencia de sus actuaciones y de sus objetivos finales, adquiriendo su movimiento un carácter realmente ofensivo y peligroso para el estatus político-económico dominante. 

Por ello la burguesía cuando se ve con un pie en la tumba, recurre a todo como sabemos. Insistimos: los métodos de la CIA y de todos los gobiernos burgueses, sus cuerpos de espionaje y en general todos sus cuerpos represivos no han cambiado. Si nos centramos en las conexiones estadounidenses, solo hay que ver los escándalos sobre secuestros, desapariciones, experimentos, torturas, espionaje y demás casos que cada día salen a la luz sobre viejos eventos en Chile, Argentina, Irak, Guantánamo, Vietnam, Nicaragua, Salvador, Irán, Congo, Indonesia, Somalia, Libia y así un sucesivo etc., la lista sería realmente interminable.

Cuando la documentación de los servicios secretos es desclasificada al público tras variadas décadas o cuando ante la vejez y ya ante nada que perder, más de un agente confiesa los trapos sucios de la organización, por supuesto los medios de (in)comunicación masivos no dedican ni la mitad del tiempo a mostrar estas revelaciones del que dedican a otros temas estúpidos y banales, pero esto es normal, ¿acaso no es ella, la clase burguesa, quién también controla el poder comunicacional-propagandístico de la sociedad? Entonces a obviedades materiales debemos llegar a conclusiones obvias de porqué todo esto no es realmente conocido entre la población. Pero estos datos deben ser propagados y popularizados entre los trabajadores, para que se quiten de encima cualquier ilusión sobre cómo se las gasta la burguesía ante sus enemigos.

Les guste o no a los apologistas del capitalismo y de la flamante democracia burguesa, poco a poco se siguen confirmando estos crímenes de Estado, y esto no va a parar nunca, ni se podrá contrarrestar por mucho que se esfuercen por dejarse millones en crear y difundir libros, películas y canciones de aspecto propagandístico bajo mitos anticomunistas para intentar justificar sus pecados, o para convencer a las masas que en el peor de los casos «todos son iguales». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos oportunistas del PCE(r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 30 de junio de 2017)

martes, 4 de septiembre de 2018

El socialismo, régimen verdaderamente humano; Agim Popa, 1987


«Durante los 60 años transcurridos desde el día de la instauración del poder popular y el encauzamiento por el camino del socialismo, nuestro pueblo se ha convencido por la práctica, por su propia experiencia vivida, de la gran verdad marxista-leninista de que el régimen socialista es el único régimen verdaderamente humano que ha conocido la historia. Su carácter profundamente humanitario constituye uno de los rasgos fundamentales y más importantes de la fuerza atractiva del socialismo ante los ojos de las masas trabajadoras, de los pueblos y de las fuerzas progresistas.

La burguesía internacional y su propaganda anticomunista, a la que se han unido también todos los revisionistas modernos –yugoslavos, soviéticos, eurocomunistas, chinos, etc.–, se han empeñado en una furibunda campaña a fin de combatir esta fuerza atractiva del socialismo y denigrar al régimen socialista recurriendo a diversas formas. Por un lado, hacen esfuerzos para presentar al régimen capitalista como el régimen de la libertad, del bienestar, del humanismo, del florecimiento de la personalidad, del hombre, etc. Por otro lado, no se detienen frente a ninguna calumnia o falsificación dirigidas a oscurecer al verdadero régimen socialista como un régimen supuestamente antihumanitario, donde no hay libertades y donde es reprimida la personalidad del hombre. Sería suficiente mencionar los feroces ataques de la propaganda anticomunista llevada a cabo por los revisionistas jruschovistas, titoistas, trotskistas y todo género de enemigos, contra Stalin y la dictadura del proletariado en la Unión Soviética, por no hablar ya de la época de Lenin y hasta las continuas campañas de ataques y calumnias contra Albania socialista.

En lugar del socialismo edificado según las enseñanzas del marxismo-leninismo, la burguesía y los revisionistas predican y propagan el llamado «socialismo humano», de «rostro humano» como el «dubchekista» en Checoslovaquia, el «autogestionario» y «antiestatista» en Yugoslavia, el «democrático» ofrecido por los eurocomunistas o el de «Estado de todo el pueblo» predicado por los revisionistas jruschovistas en la Unión Soviética. Sus prédicas están dirigidas contra las enseñanzas fundamentales del marxismo-leninismo sobre el socialismo científico en general y, en particular contra las enseñanzas sobre la lucha de clases y la dictadura del proletariado, que supuestamente están en oposición al humanismo. Precisamente la difusión del liberalismo en todos los campos, la renuncia a la lucha de clases y el debilitamiento de la dictadura del proletariado constituyen la esencia de la agresión ideológica imperialista-revisionista contra Albania socialista apareciendo con la consigna del «humanismo».

domingo, 19 de junio de 2016

Una vez más sobre el carácter del Estado de democracia popular

Bierut y Stalin

«¿Cuál es el tipo de Estado en los países de democracia popular, en la etapa actual de su desarrollo? 

Ya ha sido indicado más arriba que:

a) En los países de democracia popular el poder de la burguesía ha sido suprimido y reemplazado por el poder político de los trabajadores dirigidos por la clase obrera;

b) La base principal del gobierno en el terreno económico es el sector socialista, que es el sector más importante;

c) La democracia popular es una etapa intermedia entre el capitalismo y el socialismo. En consecuencia, el Estado de democracia popular, es un Estado proletario porque está dirigido por la clase obrera. Es un Estado socialista porque su objetivo es la realización del socialismo.

Sabemos, que nos quedan tareas económicas para construir la base fundamental del socialismo. Pero como decía Lenin:

«Ningún comunista ha negado tampoco, a mi parecer, que la expresión república socialista soviética significa la decisión del Poder Soviético de llevar a cabo la transición al socialismo; mas en modo alguno el reconocimiento de que el nuevo régimen económico es socialista». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Acerca del infantilismo «izquierdista» y del espíritu pequeñoburgués, 1918)

Por esto, el Estado de los países de democracia popular es socialista, de la misma forma que lo ha sido el Estado soviético en la primera fase de su desarrollo y ejerce las mismas funciones. El Estado de democracia popular desempeña las mismas funciones que el Estado soviético en la primera fase de su desarrollo puesto que:

a) Rompe la oposición de la clase capitalista desplazada de su poder en el interior del país;

b) Vigila por la defensa del país contra toda agresión exterior;

c) Dirige la economía nacional y la educación cultural de las masas.

Sin embargo, el Estado de los países de democracia popular y el Estado soviético, en la primera fase de su desarrollo, difieren por su forma.

La forma del Estado socialista soviético es la república soviética. Los soviets de diputados obreros, de los campesinos y del ejército rojo, base política de la república soviética en la primera fase de su desarrollo, estaban constituidos con arreglo a un derecho de voto que no era ni igual ni universal. Los órganos medios y superiores del poder eran elegidos en sufragio indirecto, en diversos grados.

La forma de Estado de los países de democracia popular es la de la república popular, cuya base política está constituida por los comités populares, los consejos populares, los comités nacionales; elegidos todos por sufragio universal igual. Todos los organismos de poder, inferiores, medios y superiores son elegidos por sufragio directo.

Una de las formas de unión de la clase obrera y de su partido con las masas laboriosas en los países de democracia popular es la de los frentes populares, tipo de organización que no ha existido en la Unión Soviética. La propia clase obrera, que es, sin embargo, la clase dirigente en los países de democracia popular, no tiene ninguna ventaja desde el punto de vista electoral sobre los campesinos, como fue el caso de la Unión Soviética en la primera fase de su desarrollo y hasta la Constitución de 1936.

No obstante, si la forma de Estado en los países de democracia popular es diferente de la forma soviética en la primera fase de su desarrollo, la ley esencial del paso del capitalismo al socialismo no ha sido modificada; es decir, que el Estado ejerce la dictadura revolucionaria del proletariado. De esta forma se confirma la previsión de Lenin:

«La transición del capitalismo al comunismo no puede, naturalmente, por menos de proporcionar una enorme abundancia y diversidad de formas políticas, pero la esencia de todas ellas será, necesariamente, una: la dictadura del proletariado». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; El Estado y la revolución, 1917)

Lo que importa no es la forma de Estado, sino la clase a la que ha pasado el poder, no es la forma de organización política sino su contenido social. En los países de democracia popular el contenido lo proporciona el hecho de que la democracia popular se transforma, bajo la dirección del partido comunista, en democracia socialista.

Entre el Estado de los países de democracia popular y el Estado soviético actual, existe una diferencia de desarrollo histórico: el Estado de la Unión Soviética es el Estado del socialismo vencedor; el Estado de los países de democracia popular es el Estado del socialismo en construcción. En los dos casos el poder es popular. Pero el pueblo no es el mismo en la Unión Soviética que en los países de democracia popular. En la Unión Soviética el pueblo está formado por la nueva clase obrera, por los campesinos koljosianos y por la capa de intelectuales soviéticos. La situación es diferente en los países de democracia popular, porque subsisten todavía en ellos, residuos de las clases explotadoras. Es decir, que la sociedad no está compuesta únicamente por trabajadores, no forma un todo homogéneo. La propia clase obrera no ha alcanzado todavía el nivel de la clase obrera de la Unión Soviética, los campesinos no son todavía koljosianos y los intelectuales, en su conjunto, no son todavía verdaderos intelectuales del pueblo. Con la liquidación definitiva de las clases explotadoras, la industrialización socialista y la colectivización socialista de la agricultura, la democracia popular llegará a ser, por la misma vía que la sociedad soviética, una democracia socialista completamente desarrollada al igual de la democracia soviética». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

viernes, 15 de abril de 2016

Gottwald hablando de la dictadura del proletariado como parte intrínseca de la democracia popular


«Es natural que nuestro camino al socialismo, al igual que en otros países de democracia popular sea algo diferente de la forma en que fue en la Unión Soviética. Debía haber una diferencia entre la revolución del 1917 y la nuestra de 1945. Sin embargo, estas diferencias solo se refieren a la forma y no a la naturaleza del nuevo orden, que es un gobierno popular bajo la dirección de la clase obrera, que cumple la función de la dictadura del proletariado. Incluso Lenin ya explicó esta cuestión cuando dijo:

«Todas las naciones llegarán al socialismo, eso es inevitable, pero no lo harán del mismo modo; cada una de ellas aportará sus elementos peculiares a una u otra forma de la democracia, a una u otra variante de la dictadura del proletariado, a uno u otro ritmo de las transformaciones socialistas de los diversos aspectos de la vida social». (Vladimir Ilich Uliánov, Lenin; Sobre la caricatura del marxismo y el «economismo imperialista», 1916)

Por lo tanto habría sido dogmático y un absurdo peligroso, haber hecho caso omiso a esa diferencia en el camino emprendido desde 1945. Pero por el contrario, hemos sido capaces de darnos cuenta y hemos sido capaces de responder a esas particularidades de forma adecuada, lo que nos ayudó entre otras cosas a terminar con la reacción burguesa en el interior en febrero de 1948.

Por otro lado hubiera sido una locura y un crimen si nos hubiéramos basados en esas diferencias, que era transitorias y poco a poco desaparecían, habiendo querido resaltarlas. Precisamente el uso amplio y profundo de la experiencia de la Unión Soviética y su ejemplo, es una de las principales leyes de desarrollo de las democracias populares como la nuestra. La aproximación al modelo soviético –en un país donde ya se ha confirmado la construcción del socialismo, nos ahorra una cantidad de dolor en el hallazgo, prueba y búsqueda de las vías para la construcción de eso mismo– es una garantía de éxito para nosotros, garantía de progreso en el camino al socialismo. Tal éxito es por ejemplo la adopción de unos nuevos estatutos en el Partido Comunista Checoslovaco que en líneas generales coinciden en sus puntos con el del Partido Comunista de la Unión Soviética.

A la inversa; intentar empujar al país y promover formas intermedias, publicándolas como especificidades e inmutables, rechazar el ejemplo y la experiencia soviética, solo conduce a la negación y a revertir la esencia misma de la democracia popular, a la restauración del capitalismo.

El leninismo nos enseña el uso versatil de la gran experiencia del primer país socialista y como llegar de las formas inferiores a las formas superiores de la sociedad socialista». (Klement Gottwald; Discurso en la apertura del Museo de Lenin, 21 de enero de 1953)

viernes, 11 de marzo de 2016

El pueblo búlgaro en lucha por la democracia y el socialismo; Georgi Dimitrov, 1948

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

La siguiente obra de Dimitrov es de suma importancia. Aparte de ser un análisis de la situación nacional e internacional de 1948, y una exposición de las políticas de los países socialistas o de democracia popular de mediados de los años 40, es un informe que expone el carácter y las tareas de un frente en la etapa de construcción socialista. No hace falta decir la escasez de interés de los supuestos marxista-leninistas en la cuestión de clarificar que es un frente, mucho menos de diferenciar las tareas de un frente en la etapa antifascista de las tareas del mismo en la etapa de liberación nacional, cuando efectivamente su fisonomía, y la de las fuerzas dialécticas enfrentadas, no es la misma. Repasemos algunas cuestiones:

¿Qué es un frente más allá de la palabra?

«Actualmente tanto algunos revisionistas como los propios seguidores del «socialismo del siglo XXI» hablan de la utilización de frentes en sus estrategias y tácticas políticas, se llenan la boca hablando de la necesidad de apoyarse en frentes, aunque poco saben explicar que son o cuáles son sus objetivos. Cierto es que tanto para la lucha para la conquista de objetivos menores, como para objetivos máximos, es permisible la idea de un frente de lucha –sea de características y objetivos antiimperialistas, antifascistas, anticapitalistas, y otros– donde converja el partido comunista con otras organizaciones –teniendo estas una mayoría de elementos de las clases trabajadoras, sean obreros o elementos pequeño burgueses–, pero sólo tiene aplicación bajo determinadas condiciones, y el partido comunista siempre tendrá el deber de ser vanguardia de dicho frente si no quiere que fracasen los objetivos del frente y que esa alianza temporal caiga en manos burguesas para manejarla a su antojo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

¿Qué carácter tienen estos frentes?:

«Generalmente a este tipo de frente se ha llamado frente popular, con el calificativo de popular por el hecho de unir a obreros y el resto de clases trabajadoras para un fin concreto. También han existido históricamente los llamados frente único del proletariado, donde el partido comunista instaba al resto de organizaciones con gran afiliación de obreros, o de obreros sin partido, hacia un objetivo concreto. Este tipo de frente fueron comunes tras la Primera Guerra Mundial, y eran utilizados como métodos para frenar la ofensiva de la burguesía sobre los derechos laborales de los obreros y su nivel de vida, pues era común por entonces, que la burguesía intentara por ejemplo: pagar las reparaciones de guerra que debía a otros países cargando tal deuda a espaldas de las clases trabajadoras, por lo que muchas veces estos frentes, no eran sólo frente único del proletariado, sino que se extendían con las organizaciones no proletarias de artesanos, campesinos y demás, agraviados por la ofensiva de la burguesía; convirtiéndose en frente popular con diversos calificativos: frente del trabajo, frente de los trabajadores, frente anticapitalista etc., razón por la que en ocasiones estos dos tipos de frente se entrelazan. Los calificativos usados por cada frente no importan, lo importante, es comprender en cada experiencia de frente que alianza contraía el proletariado y con qué objetivo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

¿Qué funciones tienen?

«Erróneamente se ha creado el mito de que los frentes solo sirven para estrategias y tácticas de carácter defensivo, pero la historia ha demostrado que los frentes pueden tener dos funciones: tanto defensivo como ofensivo. Del mismo modo que un tipo de frente –uno anticapitalista por ejemplo– puede ser usado a veces como frente defensivo y otras como frente ofensivo El frente usado por los comunistas en Bulgaria mismamente durante los años 20 fue un frente anticapitalista defensivo, después durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó un frente defensivo antiimperialista y antifascista, pero poco después tras la finalización de la guerra se uso un frente ofensivo anticapitalista para la construcción del socialismo. Hay que tener en cuenta que los frentes no tienen la misma función antes que después de la toma de poder por el partido comunista, una vez instaurada la dictadura del proletariado el frente sirve como correa de transmisión entre el partido y las organizaciones de masas bajo la regla del centralismo democrático, mientras que en el periodo previo servía más bien como una coalición de capas populares donde sus organizaciones no estaban sujetos a normas tan claras, ha de comprenderse que el rol, las normas, y carácter del frente cambian de una etapa a otra». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Dejemos una breve descripción del soviético Naum Farberov sobre el desarrollo de los frentes construidos por los partidos comunistas en los países de Europa central y del Este. Con esta cita podremos ver su desarrollo desde la Segunda Guerra Mundial hasta la toma de poder tras el fin de la ocupación ítalo-alemanes, y el programa y las primeras tareas de este frente:

«La situación actual en las democracias populares se caracteriza igualmente por la reorganización de los frentes populares –bajo el nombre de frente patriótico, nacional, etc–. Después del aplastamiento de los ocupantes alemanes por el ejército soviético y el derrocamiento de los antiguos regímenes por los trabajadores de los países en cuestión, las tareas fundamentales de los frentes populares eran: aniquilamiento de la reacción, lucha por la independencia nacional, democratización de la vida social y política. En lo fundamental estas tareas fueron realizadas en 1947-48 y hoy ya no constituyen una guía práctica para la acción». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Del cambio de funciones en esos frentes tras resolver esas tareas antifascistas, antiimperialistas, antifeudales, y el paso a resolver otras de carácter socialista:

«Paralelamente, la organización inicial de los frentes populares ha dejado de corresponder a las tareas de la nueva etapa. Mientras que antes de 1947-48 los frentes populares eran una especie de coaliciones de partidos, la nueva etapa de desarrollo –marcha hacia el socialismo– exige una unión más estrecha de las fuerzas populares. Desde entonces ha sido necesario reorganizar los frentes populares, transformarlos en organizaciones con un programa preciso, con organismos dirigentes elegidos y una disciplina para todos sus miembros, en organizaciones dedicadas a edificar el porvenir bajo la dirección de los nuevos partidos obreros. Esta reorganización de los frentes populares fue realizada en 1947-48. Organizados según los principios del centralismo democrático, los frentes populares comprenden, además de los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones cooperativas, las organizaciones de mujeres, de jóvenes y otras organizaciones públicas, así como a título individual toda persona que reconoce los estatutos y el programa y que trabaja en una de sus organizaciones, haciendo resaltar el papel dirigente de la clase obrera, los nuevos programas de los frentes populares señalan como tarea esencial la edificación de la sociedad socialista. Con este fin es preciso reforzar y extender el sector de Estado de la economía, desarrollar las cooperativas agrícolas de producción, ampliar y profundizar la planificación de la economía, desarrollar el espíritu de iniciativa y la emulación en los trabajadores». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Y la advertencia de mantenerse fieles a la esencia y tareas de un frente según el marxismo-leninismo:

«La fuerza dirigente de las democracias populares es el partido comunista –proletariado–. El partido comunista forma parte de los frentes populares, pero lejos de diluirse en ellos, el partido los dirige. Más aún, los partidos comunistas se presentan delante del pueblo abiertamente, con su propio nombre, como una fuerza política independiente que dirige la edificación socialista. Si el partido comunista abandonara su posición dirigente, se negaría a sí mismo como vanguardia de la clase obrera, la única capaz de inspirar y dirigir la emancipación de todas las demás categorías de oprimidos. Este abandono, del que se han hecho culpables los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia, conduce necesariamente al oportunismo político, al abandono de la propia edificación socialista y, finalmente, a aliarse a la reacción. Los frentes populares han jugado un papel magnífico en la lucha contra los invasores fascistas y la reacción interior, y deben continuar siendo en el futuro un arma importante para la consolidación de las fuerzas democráticas. Pero no sustituyen ni pueden sustituir al Partido Comunista. Dado las clases que los componen, los frentes populares no pueden jugar un papel positivo más que bajo la dirección del partido comunista, vanguardia organizada de la clase obrera y de todos los trabajadores». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Es aquí, en la presente obra, que Dimitrov nos aclarará de modo concreto el cambio que existe en las funciones de un frente de una etapa defensiva a la etapa ofensiva. Entiéndase que no todas estas características estarán presentes en otros países, esta es solo la descripción de como sucedió en Bulgaria según las condiciones nacionales e internacionales del momento.

En la etapa defensiva las características del frente fueron: 

1) Promover tareas antiimperialistas, antifeudales y antifascistas bajo programas que contengan la lucha contra el invasor extranjero y la camarilla nacional que la sustenta, la libertad de asociaciones antifascistas y la ilegalización de las asociaciones fascistas y sus colaboradores, la creación de un ejército popular, y una reforma agraria que acabe con el latifundismo; 

2) Amplitud en el número de clases interesadas en dicho programa y mayores alianzas –no solo la clase obrera, la pequeña burguesía, o la intelectualidad de mentalidad proletaria o pequeño burguesa–, sino incluyendo a parte de la mediana burguesía nacional y la intelectualidad burguesa que decide por sus intereses de clase momentáneos luchar contra el fascismo, o contra el imperialismo extranjero; 

3) Vanguardizar en mayor o menor medida con el partido comunista frente aunque no se tenga aún todo el reconocimiento ni la legitimidad asegurada dentro de la coalición antifascista, lo mismo en el nuevo ejército popular que deberá ser creado y asegurado por los comunistas.

En la etapa ofensiva las características del frente fueron:  

1) Resolución de tareas anticapitalistas y socialistas como son la confiscación o expropiación de industrias, bancos, transportes, etc., una industrialización –con la industria pesada como eje– y la colectivización del campo que se logrará gracias a toda la puesta en escena de una planificación socialista de la economía a través de bienales, después quinquenales, etc.; 

2) Reducción del número de clases existentes y de alianzas del partido de la clase obrera –el partido comunista–pues la etapa es de clases trabajadoras contra clases explotadoras y cuyo objetivo es eliminar todas las clases explotadoras, incluyendo finalmente en la última etapa la pequeña burguesía, la última clase capitalista que debe proletizarse a través de los koljoses –granjas cooperativas– y sovjoses –granjas estatales–; 

3) Consolidación del prestigio y autoridad del partido comunista en el ejército, reconocimiento de su rol de vanguardia y dirigente en el frente de modo incontestable por el resto de asociaciones, pudiendo imponer sus normas como el centralismo democrático y todo lo que ello supone, también se tiene vistas a la eliminación  paulatina de partidos no proletarios en el frente según se avance en la destrucción económica de las clases explotadoras y según se proleticen las capas de trabajadores –como campesinos koljosianos o intelectuales–, quedando las asociaciones de mujeres, de juventud, los sindicatos en el frente como ruedas de transmisión entre esas capas de la sociedad y sus organizaciones y el partido comunista, partido de la clase obrera;

4) Utilización del frente para expandir la ideología proletaria que tiene su síntesis en el marxismo-leninismo a todas las capas trabajadoras que se están proletizando, llevar esta lucha de clases ideológica a todos los campos de la sociedad sin excepción, expansión y promoción por tanto de la cultura proletaria socialista, válgase para ello de la nueva estructura económica que se construye y de la nueva legislación ejemplificada en la nueva constitución socialista.

Sobra decir que el partido comunista debe aprovechar y si en la primera etapa puede poner en práctica características del frente en la segunda etapa –ofensiva–, debe aprovecharlo, e igual que es impermisible que en la segunda etapa se quede regazado con la fisonomía y funciones de la primera etapa –defensiva–.

Esta obra, y el tratar un tema tan específico como tan pocos han sabido, certifica una vez más que:

«La obra de Georgi Dimitrov es inmortal para el proletariado mundial, y como tal hay que cuidarla». (Introducción del Equipo de Bitácora (M-L) a la obra del Partido del Trabajo de Albania: «El trabajo revolucionario de Georgi Dimitrov es inmortal», 29 de diciembre de 2015)

Recomendamos que pueden buscarse referencia sobre el concepto marxista-leninista del frente en otras obras de Georgi Dimitrov y también en las de su compatriota y discípulo Vulko Chervenkov.


El documento:


El pueblo búlgaro en lucha por la democracia y el socialismo

Informe en el IIº Congreso del Frente de la Patria
2 de febrero de 1948

[El camarada Dimitrov dedicó la primera parte de este informe a analizar la situación internacional, a la lucha de los dos campos; el campo democrático y el campo antidemocrático - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

Profundos cambios han tenido lugar en la arena internacional como resultado de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de las expectativas de la reacción mundial la Unión Soviética emergió de la guerra más fuerte que antes, y con un prestigio internacional mucho mayor. Un número de países se separaron del sistema imperialista. Los pueblos de Yugoslavia, Bulgaria, Rumanía, Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Albania, con el apoyo del victorioso Ejército Soviético, que derrocó al fascismo, abolieron la dependencia imperialista y tomaron el destino en sus propias manos. La aguda crisis en los países coloniales y dependientes es igualmente un gran factor de desmoronamiento para los pilares del imperialismo. Y las contradicciones dentro del campo imperialista, por ejemplo, en relación con el Plan Marshall, para la formación de un Bloque Oeste, etc. jugaran un papel no pequeño en el futuro.

Así, la relación de fuerzas entre el campo imperialista y el campo democrático, como resultado de la Segunda Guerra Mundial ha cambiado drásticamente en favor del campo democrático. En su lucha contra la reacción del campo antidemocrático se basa en la clase obrera, en las masas trabajadoras del campo y la ciudad, en la intelectualidad progresista, en el movimiento democrático de todas las tierras, en los movimientos de liberación nacionales de las coloniales y los países dependientes, en las nuevas democracias. A la cabeza de este campo se encuentra la poderosa Unión Soviética.

El campo democrático es una fuerza lo suficientemente fuerte como para mantener a raya a los ladrones imperialistas, para frustrar sus esquemas y salvar a la humanidad de las nuevas y sangrientas aventuras imperialistas.

El sistema imperialista que no puede ofrecer a los pueblos nada más que guerras devastadoras, está frenando el desarrollo de las fuerzas productivas, y es un freno para el progreso, la ciencia y la cultura. Históricamente, ha sobrevivido a sí mismo, pero su condena es inevitable.

Las fuerzas de la paz, la democracia y el socialismo, son invencibles. Si como se declara en la Declaración de la Conferencia de los nueve partidos comunistas en Polonia de 1947, si ellos ponen a su disposición la firmeza y determinación necesarias, la nueva agresión imperialista estará condenada al fiasco.

Estamos viviendo en un momento en el que el socialismo está a la orden del día, cuando es imposible avanzar sin avanzar hacia el socialismo. El camino al socialismo no es el mismo en todos los países. Difiere en consonancia con las particularidades históricas, nacionales de cada país, pero el camino socialista es inevitable, y es el único correcto para todas las tierras y pueblos.

[El camarada Dimitrov entonces habló de las raíces históricas del Frente de la Patria en Bulgaria - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

La creación del Frente de la Patria no era una cosa oportuna; tampoco fue importada desde el extranjero ni impuesta desde arriba. Esta saludable idea surgió del pueblo, cristalizándose como resultado de las luchas de las masas trabajadoras en contra de la traidora monarquía, la venal burguesía y sus grupos antipopulares.

Los principales factores en el desarrollo del Frente de la Patria

[El camarada Dimitrov describe los siguientes factores en el desarrollo del Frente de la Patria como un movimiento popular - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

Para empezar el Frente de la Patria organizó la resistencia del pueblo búlgaro contra los esclavistas alemanes y la dictadura monarco-fascista búlgara. El programa inicial del frente, en su difusión durante el 17 de julio de 1942 por la estación «Hristo Botjef» declaró que como tarea central era: la liberación del país del yugo alemán y la dictadura monarco-fascista, el acercamiento de Bulgaria al campo de la coalición antihitleriana y el establecimiento de una autoridad popular democrática. Guiado por el Frente de la Patria la resistencia ofrecida por el pueblo a la agresión de Hitler se extendió gradualmente, y la camarilla monarco-fascista fue incapaz de mandar tropas búlgaras en el frente soviético-alemán. Las victorias del valiente Ejército Soviético, las derrotas sufridas por los alemanes en todos los frentes, la capitulación de la Italia fascista, el crecimiento de la lucha de liberación de los pueblos de Yugoslavia, la marcha del Ejército Soviético en el Danubio, todo ello estimuló la marcha de la lucha de las masas popular para romper con la Alemania de Hitler, para salvar al país del desastre y establecer un genuino gobierno democrático-popular búlgaro. Los Comités del Frente de la Patria, encabezados por el Comité Nacional, surgieron en todo el país. Un extensivo movimiento partisano se puso en marcha. Las diversas unidades unidas en unidades partisanas y eventualmente en el Ejército Popular de Liberación con sus Cuarteles Generales. Un levantamiento armado contra el fascismo en todo el país comenzó a madurar y fue llevado a un punto crítico por la aparición del victorioso Ejército Soviético en la frontera noroeste de Bulgaria.

viernes, 1 de enero de 2016

No ha habido ni puede haber un sistema que combine dos régimenes sociales opuestos y que viva en paz

Cartel anunciando el Iº Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco el 15 de diciembre de 1948

«Pasemos a una cuestión básica: ¿se puede concebir a la democracia popular como una combinación de dos regímenes sociales opuestos, como una mezcla permanente y estática de elementos capitalistas y socialistas que viven pacíficamente los unos al lado de los otros? 
Es evidente que esta representación de los problemas de la democracia popular es enteramente errónea. La coexistencia de dos regímenes sin fricción entre ellos es algo que no ha sido conocido en la historia del desarrollo social.

Dentro del marco de un régimen social es posible que exista 
–y aveces sucede–, que haya diversas formas de producción, como parte de un Estado social específico. Por ejemplo, en un sistema capitalista junto a la amplia producción capitalista, podemos encontrar la pequeña producción, como la de los campesinos y artesanos. Pero, en primer lugar, la forma más desarrollada de todas es la que influye en el carácter social de un Estado social. En segundo lugar, en este proceso es innato el desplazamiento de las viejas piezas del Estado –sustituyéndose por las nuevas formas de producción–.

Para nosotros, la forma básica de producción es la industria estatal nacionalizada, la industria socialista. Esta industria está creciendo rápidamente gracias a la inversión programada del Estado. Gracias a eso, este gran ingreso –que solía ser embolsado por los capitalistas– ahora se gasta en la construcción de nuevas fábricas, en la modernización de las viejas plantas, en la compra de máquinas modernas y aparatos que incrementan la productividad.

¿Que afecta eso a la naturaleza y el carácter de nuestra democracia popular? El hecho de que las viejas clases dominantes 
–los grandes capitalistas y terratenientes– hayan sido totalmente eliminadas a la hora de influir en los intereses del Estado, y el hecho de que sus fábricas y haciendas se hayan convertido en propiedad de toda la nación. Ahora la tierra antiguamente perteneciente a los terratenientes se ha convertido en propiedad de los campesinos y los bancos han sido nacionalizados. Todo esto es lo que define el carácter de nuestro régimen de democracia popular. Esto ha significado que todas las posiciones económicas y políticas de los grandes capitalistas y terratenientes hayan sido de una vez y para siempre descompuestas». (Bolesław Bierut; El rol y carácter de la democracia popular; Discurso en el Iº Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco, 15 de diciembre de 1948)

viernes, 13 de noviembre de 2015

Bierut explicando el origen de las teorías revisionistas sobre el carácter de la democracia popular en Polonia


«¿Qué es el Estado de democracia popular según la teoría marxista-leninista? ¿Cómo puede definir uno la esencia, el contenido de clase y carácter de la democracia popular? 

Algunas personas empezaron pensando que la democracia popular era cualitativamente y fundamentalmente diferente del sistema basado en la dictadura del proletariado. 

El sistema de democracia popular en Polonia también fue definido a veces como un camino específico hacia un nuevo sistema, su particularidad fue a menudo entendida en el sentido de que fue considerada como un proceso especial de desarrollo cuyo punto de llegada era imposible de establecer, como se dijo. 

Algunos imaginaron que era la síntesis de un tipo de proceso propio de capitalismo y socialismo, de un sistema socio-político, en el cual el capitalismo y el socialismo, viven uno al lado del otro, reconociéndose el uno al otro. 

Otras personas, creyeron que el sistema de democracia popular era un efecto temporal de la situación específica determinada por las condiciones de la post-guerra, esforzándose por estabilizar esta situación, con la esperanza de que fuera posible una vuelta a la situación existente antes de septiembre de 1939 –en alusión a la invasión nazi de Polonia del 1 de septiembre de 1939–.

Estas concepciones erradas –definiendo a la democracia popular como un nuevo camino al socialismo– hay que decir que fueron ideas tomadas también de varias fuentes. Por ejemplo en primer lugar de las ideas de nuestro Partido Obrero Polaco (POP) como partido, que no siempre ha continuado sus «tradiciones revolucionarias», eso mezclado con la idea de «independencia» proclamada por el Partido Socialista Polaco (PSP) y la falsa idea de lucha de clases del Partido Socialdemócrata del Reino de Polonia y Lituania (PSRPL) (1893-1918) y el Partido Comunista Polaco (PCP) (1918-1939).

¿Cuál es la propiedad más característica de estas «pequeñas y grandes» teorías?

Por supuesto que están fundadas en la herencia de la socialdemocracia, en algún tipo de reincidencia de tipo socialdemocrata, que significa la vuelta al oportunismo en el movimiento obrero.

Como algo significativo y todavía de total actualidad quedan las siguientes palabras pronunciadas por Iósif Stalin en 1926. Describiendo el desarrollo de los partidos proletarios durante la lucha de clases de su trabajo, en su obra: «Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido», el camarada Stalin mostró como la historia del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética (PC (b) US) ha sido una historia de superación de las desviaciones en el partido, y de su continuo fortalecimiento. Argumentando contra aquellos que ocultaban las desviaciones y diferencias ideológicas, Stalin decía:

«No se trata de que seamos pendencieros. Se trata de la existencia de discrepancias de principio que surgen en el curso del desarrollo del partido, en el curso de la lucha de clase del proletariado. (...) El trabajo del partido debe basarse en unos principios o en otros. La línea «intermedia» en cuestiones de principio es la «línea» de la confusión, la «línea» de velar las discrepancias, la «línea» de la degeneración ideológica del partido, la «línea» de la muerte ideológica del partido». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili; Stalin; Una vez más sobre la desviación socialdemócrata en nuestro partido, 1926) (Bolesław Bierut; El rol y carácter de la democracia popular; Discurso en el Iº Congreso del Partido Obrero Unificado Polaco, 15 de diciembre de 1948)

domingo, 1 de noviembre de 2015

Mensaje para los que apelan a la confianza acrítica de la militancia en el liderazgo, repetidores de viejas desviaciones


«La aguda crítica y la autocrítica no causarán daño al partido. Lo fortalece ideológicamente. La ocultación de los errores sí es lo que puede debilitar al partido. Por otra parte, la defensa a ultranza de las posiciones equivocadas crea un grave peligro que, si no se toman medidas, puede dar lugar a una crisis aguda que causa enorme e irreparable daño no sólo al partido, sino a todo el país. (…) Debemos atesorar, como la niña de nuestros ojos, los logros ideológicos valiosos del Partido Obrero Polaco, su espléndida y gloriosa tradición de lucha contra los invasores, su trabajo creativo para sentar las bases de la Polonia Popular para la cual miles de miembros de nuestro partido sacrificaron sus vidas o dieron generosamente su trabajo. Nuestro partido tiene a sus líderes en alta estima, aprecia su contribución al trabajo y la lucha del partido y tiene confianza en ellos. Sin embargo, los considera sólo como ejecutores de la idea que guía el partido y la clase obrera. El partido pone la lealtad a la idea de la revolución y de la vigilancia hacia cualquier intento de contrabando de influencias ajenas nacionales o extranjeras, lo que es algo superior al apego personal a personas del partido. Ahí radica la fuerza de nuestro partido, que basará su trabajo no en el principio de líder, sino, sobre todo, de los esfuerzos colectivos de la población activa y todos los miembros».  (Bolesław Bierut; Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas, 1948)

domingo, 9 de agosto de 2015

Comorera hablando sin paños calientes sobre la democracia que debía surgir después de la España fascista



«Nosotros, los obreros revolucionarios, los campesinos, los pequeño burgueses, los intelectuales progresistas, todos los patriotas, somos una parte integrante del campo antiimperialista y democrático, y nuestro deber es luchar para liberar al Estado español de las castas y las clases que lo monopolizan, hemos de dar término a la revolución democrática española. (...) Y entendamos, porque hoy, hasta Franco se califica de demócrata, no podemos dejarnos deslumbrar por la democracia formal. Debemos querer la forma y el contenido de la democracia. Hemos de arrancar las raíces de las castas parásitas, tenemos que dejar fuera del territorio al capital monopolista extranjero, tenemos que liquidar a los monopolios [nacionales] internos, que son sus cómplices e instrumentos. Debemos nacionalizar el suelo, el subsuelo, tenemos que nacionalizar bancos y seguros, transportes y otros servicios públicos, la gran industria y el comercio. Hemos de liquidar el parasitismo terrateniente y entregar la tierra a los campesinos que la trabajan, hemos de asegurar una vida digna y libre de la opresión económica explotadora a la pequeña burguesía y los campesinos medios. Debemos crear un verdadero Ejército Popular, un auténtico orden público popular, un régimen de igualdad absoluta entre los sexos y que asegure a la juventud y a la infancia una perspectiva ilimitada de progreso y bienestar. Debemos limpiar el Estado de los agentes y de los instrumentos de las castas y los capitalistas. Debemos reestructurar el Estado español, para que en la línea federativa, obtengan la realización plena de los derechos nacionales Cataluña, Euskadi y Galicia. Y para consolidar la revolución democrática, desarrollar y marchar hacia el socialismo, debemos exigir que el nuevo Estado español, surgido de la revolución española, sea dirigido por la clase obrera y las masas populares». (Joan Comorera; Nuestro problema no comienza ni acaba en la persona de Franco; Carta Abierta a J. Navarro i Costabella, noviembre de 1948)

sábado, 30 de mayo de 2015

Por el frente popular del trabajo, la libertad y la paz; Klement Gottwald, 1935

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

Este discurso, registrado en forma escrita, es otro documento excepcional para estudiar las estrategias y tácticas antifascistas marxista-leninistas planteadas en el VIIº Congreso de la Komintern de 1935, esta vez el autor de la obra es el checoslovaco Klement Gottwald, el cual, sería uno de los focos mediáticos durante esos años por la frágil posición en la que se colocó a Checoslovaquia frente a las posiciones imperialista y chovinistas de la Alemania hitleriana.

Este discurso, como otros de ese congreso, desmitifican dos groseros mitos:

1) Que los marxista-leninistas no defendieron ni querían defender la república burguesa ni los derecho obtenidos por la clase obrera frente al peligro del advenimiento de la dictadura terrorista abierta de la burguesía, o sea del fascismo, porque eran partidarios de la democracia soviética y la dictadura del proletariado;

2) Su variante opuesta, en la que se apoyaron trotskistas contemporáneos y futuros revisionistas: que los comunistas habían rechazado la revolución proletaria, la dictadura del proletariado, la democracia soviética y que defendían el reformismo, la dictadura de la burguesía, la democracia burguesa.

Como Gottwald expresa, los marxista-leninistas de entonces que ponían toda la esperanza para sacar a su país de los males del capitalismo –desempleo, inflación, desigualdad social, racismo, pauperización de las masas trabajadoras, diferenciación entre cuidad y campo, hambrunas, etc.–, en el deseo de emular el socialismo victorioso de la Unión Soviética que tantos aplausos cosechaba a nivel mundial –el cual había eliminado la mayoría de estos males–. No teniendo pues, razones para abandonar los principios del comunismo, es más, estos logros ayudaban a los partidos marxista-leninistas como el checoslovaco para persuadir a las masas reformistas, anarquistas, etc., de la limitación de su doctrina, y de la necesidad de virar hacia el comunismo.

Como es de esperar: se registran las particularidades de Checoslovaquia que nos permiten entender las peculiaridades de la táctica comunista checoslovaca, pero hay temas a tratar en el documento como; el frente único del proletariado –que afecta al trato con los partidos con masa de elementos obreros como los socialdemócratas como a los obreros sin partido–, el frente popular antifascista –que afecta al trato con partidos con elementos pequeño burgueses antifascistas como los agraristas–, la lucha por la preservación del país para la no participación en la próxima guerra imperialista –que se traduciría en miseria, opresión nacional y muerte para las masas trabajadoras–, la cuestión de las minorías nacionales –a las cuales el fascismo local aniquilaría– o el internacionalismo con otros países socialistas –y el apoyo a su política exterior– que sirven de lecciones para los marxista-leninistas de hoy.

Pese a que la táctica marxista-leninista antifascista reportara grandes avances en la lucha contra el fascismo local, no pudo evitar que el nazi-fascismo alemán invadiera Checoslovaquia –algo en lo que jugaron otros factores que se explicaran en los próximos documentos de Gottwald– y que apenas se lograra resistencia. 

Hay que añadir de igual modo, que la táctica del frente popular antifascista si tendría un mejor final diez años después, cuando las condiciones internacionales en la Segunda Guerra Mundial sonrieran a los comunistas checoslovacos. 

Esta vez con el auge de los comunistas como primera fuerza del país, la resolución de las tareas democrático-burguesas –medidas de carácter antifascistas, antifeudales, etc.– y el tránsito al socialismo no podrían ser interrumpidos por una intervención imperialista exterior como la de Alemania en 1938 y 1939, debido a que en 1945 la presencia del Ejército Rojo Soviético y el propio fortalecimiento y experiencia del aparato militar del Partido Comunista de Checoslovaquia durante la guerra daban un panorama completamente diferente. Aún así quedaba la cuestión de que si el partido comunista checoslovaco sería capaz de triunfar sobre sus adversarios nacionales, pero desde luego tenía garantías que la revolución no saltaría por los aires por una nueva intervención extranjera. También habría que tener en cuenta que los marxista-leninistas checoslovacos desarrollaron conforme el nazismo alemán retrocedía de su país, el nuevo poder popular de los comités nacionales –soviets– que suponía una mayor eficacia también a la hora de movilizar a la población trabajadora reprimir a la contrarrevolución interna.

A partir de 1945 el frente sirvió como plataforma para agrupar a las fuerzas políticas antifascistas donde el partido comunista ganó la hegemonía frente a otros partidos antifascistas, pero a posteriori durante la construcción del socialismo, el frente serviría para organizar las organizaciones sindicales, femeninas, de la juventud, etc., sirviendo como puente entre el rol dirigente de la sociedad: el partido comunista, y estas organizaciones de masas. Es decir, de las experiencias en la táctica de frente los años 30, se pudo llegar a las tácticas de los años 40 donde el frente sirvió para el fin del fascismo, la toma de poder, y la construcción socialista.

El documento:


Klement Gottwald

Por el frente popular del trabajo, la libertad y la paz

Camaradas:

No es accidental que el VIIº Congreso de la Komintern proceda en medio de una excepcional atención de todo el mundo, tanto amigos como enemigos.

Esto es a causa de que nosotros estamos discutiendo y solventando las cuestiones más urgentes que afectan la vida diaria de todos los trabajadores de cada país. Es a causa de que, después de seis años de insólita crisis económica en los países capitalistas, coexistiendo simultáneamente junto a la victoria del socialismo en una sexta parte del mundo, todos están deseosos de escuchar la voz de quienes han obrado «tal milagro», la voz de los bolcheviques. Es a causa, finalmente a que nuestro congreso señala que es lo más esencial, que es lo decisivo, que debe realizarse para la realidad de hoy, para que las masas trabajadoras de uno u otro país puedan crear los requisitos que les permitirán lograr mañana ese mismo «milagro». Como ejemplo de ello, nuestro VIIº Congreso de la Komintern ha colocado en el centro de la política de los partidos comunistas la tarea de crear una unidad de acción entre el proletariado y un frente popular a escala nacional e internacional contra la ofensiva del capital, contra el fascismo, por la paz y contra la guerra imperialista.

Es normal que esto inevitablemente haya obligado a despertar la atención de todos; entre las cuales debemos contar:

1º La rabia de los fascistas y sus cómplices en todos los países por el hecho de que los comunistas se esfuerzan por el frente único de todos los oponentes al fascismo, sin tener en cuenta las diferencias que les separan de los elementos del campo antifascista provenientes de la pequeña burguesía;

2º El miedo de todos los elementos fascistas e imperialistas que desean llevar a cabo guerras depredadoras con el objetivo de poder dividir de nuevo el mundo entre fuego y polvo a expensas de las pequeñas naciones y de la Unión Soviética;

3º Las ansiedad entre todos los líderes reaccionarios de la socialdemocracia, quienes, a pesar de que las masas trabajadoras han vislumbrado la más que adversa experiencia de la política de colaboración de clases, desean seguir con esta política, rechazando el frente único del proletariado y manteniendo así, la división entre las filas de la clase obrera;

4º La esperanza entre todos los que esperan, con razón, la realización de la unidad de acción del proletariado y del frente popular a una escala nacional e internacional, ellos que esperan no pasar el calvario por el que el pueblo alemán está atravesando en estos momentos.

viernes, 10 de abril de 2015

Los mitos imperialistas sobre la creación de las democracias populares de Europa del Este

Mátyás Rákosi durante un discurso en 1952

«Examinemos ante todo el rol de la Unión Soviética en el establecimiento de la democracia popular húngara, así como la afirmación de los imperialistas de que habría sido la «intervención violenta» de la Unión Soviética liberadora la que habría establecido el rol dirigente de los Partidos Comunistas y habría hecho posible la creación de la dictadura del proletariado. 

Fue el señor Churchill el primero en lanzar esta acusación, a comienzos de 1946. En una respuesta tajante, el camarada Stalin explicó de una manera profunda en aquel entonces que el crecimiento de los partidos comunistas era la consecuencia natural de la lucha heroica sostenida por estos partidos contra los bárbaros fascistas en los países ocupados; lucha que ha tenido como resultado un serio acrecentamiento de su influencia, aún ahí donde –como en Francia, Italia y otras partes– no fue la Unión Soviética la que expulsó a los fascistas. La calumnia referida desapareció por cierto tiempo, pero fue retomada vigorosamente más tarde y constituye hoy, por así decir, el caballo de batalla, el eje mismo de la propaganda enemiga.

¿Cuál es el rol de la Unión Soviética en la formación de la democracia popular? El ejército de la Unión Soviética nos liberó también a nosotros del cruel yugo de los fascistas alemanes y sus servidores del Partido de la Cruz Flechada [partido de inspiración fascista y pro hitleriano - Anotación de Bitácora (M-L)]. De esta manera abrió la vía del desarrollo democrático. Está claro que la lucha heroica y la victoria de la Unión Soviética constituyeron la condición previa decisiva, el punto de partida de la creación de nuestra democracia popular: sin esta lucha, sin esa victoria, la democracia popular no habría podido ser realizada. La conciencia de este hecho es hoy día común a todo el pueblo trabajador húngaro y constituye la fuente de su eterna gratitud. Las fuerzas armadas de la Unión Soviética cortaron de cuajo toda esperanza de éxito a las tentativas armadas de la reacción húngara, tentativas del tipo de las de Koltchak, Denikin y otros generales guardias blancos durante la revolución rusa. Es en primer lugar gracias a las fuerzas armadas de la Unión Soviética que la contrarrevolución no osó recurrir a esos medios sangrientos para restablecer su poder. Fue el Ejército Soviético el que igualmente nos ha protegido de la intervención imperialista. Fue la Unión Soviética la que nos defendió contra la injerencia diplomática de las grandes potencias occidentales, la que nos apoyó cuando la conclusión del tratado de paz; ella nos ayudó a establecer y consolidar nuestras relaciones en política exterior. Naturalmente estos hechos contribuyeron a reforzar la influencia comunista, acrecentando la simpatía de nuestro pueblo trabajador con respecto a la Unión Soviética y facilitando por eso nuestro propio trabajo. En el período de la reconstrucción y también después, el apoyo y la ayuda de la Unión Soviética se manifestaron de mil formas; es evidente que la gratitud con la que nuestro pueblo trabajador ha respondido a ese apoyo significó también una importante ayuda para nosotros. Lo que constituyó la ayuda más importante han sido las enseñanzas y los consejos que hemos recibido, en situaciones difíciles y complicadas, de nuestro educador esclarecido y gran guía, el gran Stalin; consejos que siempre se probaron buenos y justos, concebidos en interés de nuestro sufrido pueblo trabajador húngaro.

Sin esos factores nuestra democracia popular no hubiera visto la luz, su desarrollo no hubiera podido ser tan rápido ni tan vigoroso, exento de sacudidas violentas.

Las «intervenciones» soviéticas en los asuntos de nuestra patria fueron muy frecuentes y resultaron grandemente útiles al reforzamiento de nuestro partido, pero en un sentido muy diferente al que los imperialistas le quieren atribuir. La Unión Soviética intervino renunciando a la mitad de las reparaciones; permitiendo a nuestros prisioneros de guerra volver a la patria antes del término fijado por el tratado de paz; poniendo en marcha nuestra industria y dotándola de materias primas en una época en la que nos hubiera sido imposible procurarlas en otra parte; enviándonos víveres cuando nos faltaban. Y puesto que estos pasos generosos y previsores fueron realizados, en la mayor parte de las veces a raíz de iniciativas públicas de nuestro partido, claro que contribuyeron a aumentar nuestra popularidad.

Naturalmente no es en una intervención de este género en la que piensan los imperialistas, sino en acciones armadas sangrientas, como por ejemplo la emprendida por el gobierno «laborista» inglés o el gobierno de Truman contra los combatientes griegos por la libertad, con miras a reimponer sobre las espaldas del pueblo al rey monarco-fascista que éste había expulsado. «Intervenciones» de este tipo son practicadas todos los días por los imperialistas, constituyen elementos constantes del arsenal del «mundo libre», son inseparables de la aplicación de la «democracia verdadera». Es justamente por eso que hechos así jamás se produjeron de parte de la Unión Soviética en Hungría ni en las otras democracias populares; el enemigo no puede citar un solo ejemplo, lo cual no le impide, sin embargo, continuar propagando la calumnia de la «injerencia soviética».

Lo repetimos: sin la heroica lucha liberadora de la Unión Soviética, sin su apoyo incesante y pleno de buena voluntad, la democracia popular húngara –y podríamos agregar lo mismo para las otras democracias populares– no hubiera podido ser establecida. Pero tampoco hubiera podido ser establecida si el Partido Comunista Húngaro, gracias a su trabajo pleno de abnegación, gracias a su ejemplo, gracias a la defensa tenaz y exitosa de los intereses de los trabajadores, gracias a la lucha librada victoriosamente contra la reacción, no hubiera ganado a la gran mayoría de la clase obrera, al grueso del campesinado, a la parte más importante del pueblo trabajador. El que no comprenda esto no comprende el rol de nuestro partido, ni en general el rol de los partidos comunistas; niega en esencia ese rol decisivo y por eso, quiéralo o no, se reúne finalmente con aquellos que atribuyen la creación de las democracias populares exclusivamente a la «injerencia soviética». (Mátyás Rákosi; El camino de nuestra democracia popular, 1952)

viernes, 20 de marzo de 2015

El camino de nuestra democracia popular; Mátyás Rákosi, 1952

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

«El ejemplo yugoslavo nos enseñó que quien se separa de la gran familia de los pueblos defensores de la paz y edificadores del socialismo se transforma inevitablemente en sirviente del imperialismo y será tratado con el desprecio reservado a los traidores y renegados, tanto por sus amos imperialistas como por los pueblos liberados». (Mátyás Rákosi; El camino de nuestra democracia popular, 1952)


Introducción de «Bitácora (M-L)»

La publicación de la presente obra de Mátyás Rákosi facilitada por la Biblioteca Marxista Sergio Barrios se debe a la necesidad de dar una verdadera visión de las democracias populares de Europa del Este, y en este caso de la República Popular de Hungría, de 1944-1953, y sus características propias.

Algo en lo que hemos insistido siempre, es que los marxista-leninistas debemos estudiar cada revolución en particular, no podemos caer en este caso, en la trampa de aceptar el mito de la historiografía burguesa y revisionista sobre que los países de Europa del Este fueron «revoluciones montadas desde el exterior con modelos calcados, impuestos por el imperialismo soviético de Stalin». Esto es una necedad. Aparte de que no hace falta comentar la falta de respeto por el hecho de considerar las revoluciones populares allí ocurridas como consecuencia de una mera «injerencia exterior», debemos añadir que cada país: Bulgaria, Hungría, Albania, Polonia etc., han tenido en sus desarrollos unas condiciones  objetivas no sólo económicas sino políticas muy diferentes entre sí, lo que hace imposible que estas revoluciones pese a basarse sus partidos comunistas dirigentes en el marxista-leninismo tengan un mismo desarrollo. De igual forma el factor subjetivo en cada país era diferente, ni  los partidos comunistas estaban entre sí igual de desarrollados, igual de templados en la lucha, o tenían la misma influencia en la sociedad, ni tampoco eran iguales estas mismas características entre los  partidos burgueses y pequeño burgueses de aquellos países.

Acorde el lector vaya introduciéndose en la lectura del presente texto pueden que le asalten varias dudas y preguntas sobre el proceso húngaro que precisamente el autor del texto no responde del todo, o más bien no se extiende del todo en esta obra por las razones que fueran. Por ejemplo: 1) ¿Que concepción tenían los húngaros sobre la dictadura del proletariado? ¿Cuando se cristalizo tal dictadura en el país? ¿En base a que lucha? ; 2) ¿Cómo se avanzó en el desarrollo económico del país desde el fin del fascismo horthysta-szálasistas con la liberación del Ejército Rojo de la Unión Soviética?; 3) ¿En lo político como fue el desarrollo de las diferentes elecciones políticas tras la posguerra? ¿Cuál fue  la influencia comunista en esos gobiernos? 4) ¿Cómo se tomó entre los comunistas húngaros la cuestión política de la existencia del resto de partidos en la democracia popular?; 5) ¿Qué medidas tomaron los comunistas para fusionarse en un mismo partido con el ala izquierda socialdemócrata para garantizar el grado revolucionario y marxista-leninista del nuevo partido?; 6) ¿Qué significado tuvo las tácticas de frente de modo defensivo y ofensivo durante 1944-1953?; 7) ¿Cómo se tomó la cuestión de la destrucción de la vieja maquinaria estatal burguesa y la creación del nuevo poder estatal del proletariado? ¿Por qué medios se sustituyeron?; 8) ¿Qué debilidades teóricas surgieron y corrigieron los comunistas húngaros durante todo este periodo de agitación social y política?